La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

viernes, 1 de agosto de 2008

Aportes para la crítica del texto “El fin de la ciencia” de John Horgan.



José Antonio Gómez Di Vincenzo. Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica J. Babini

Existen distintas versiones acerca del fin de la ciencia. Una de las más representativas es la propuesta por John Horgan en su libro “El fin de la ciencia”. Como periodista, Horgan ha escrito una gran cantidad de artículos sobre ciencias en distintas publicaciones entre las que se destaca la revista Scientific American. La postura de Horgan se distingue radicalmente de la perspectiva “anticiencia” puesto que en ningún momento se declara adversario del progreso de la ciencia y la técnica ni esgrime ningún argumento atacando la forma de racionalidad que permitió el desarrollo científico y tecnológico. Nada más a favor de la ciencia que sostener, como lo hace el periodista, que la ciencia ha llegado a su fin o que su fin está por llegar pronto porque ha triunfado y ha logrado alcanzar los paradigmas que permiten explicar la naturaleza.

En la propuesta del autor de “El fin de la ciencia”, hay dos tipos de argumentos esbozados con el objeto de defender dicha apuesta fuerte al fin de la ciencia: argumentos de tipo teórico y de tipo práctico o socioeconómicos. En líneas generales, podríamos resumir dichas argumentaciones de la siguiente manera: la ciencia ha alcanzado la verdad o está cerca de alcanzarla por lo tanto sólo quedan algunas cuestiones por resolver que se resolverán en un futuro próximo y tal desarrollo sólo puede dar cada vez menores beneficios económicos por lo que se perderá el interés en invertir en investigación científica.

En rigor, pueden extraerse del trabajo de Horgan cuatro argumentos teóricos y cuatro prácticos. Los teóricos serían los siguientes:

La ciencia tiene límites y es evidente que está progresando rápidamente hacia ellos. Por lo tanto, chocará con esos límites y cuando choque tendremos su fin.

Si bien es cierto que los paradigmas vigentes no han resuelto todos los problemas esto no sigunifica que no lo harán.

En los anteriores casos en los que se creyó haber llegado al fin de la ciencia gracias al aporte de grandes teorías siempre había teorías fuertes que convivían como alternativas. Hoy los paradigmas vigentes son los que han triunfado definitivamente y no hay dudas al respecto.

La ciencia tiene vida corta. Que haya progresado con necesidad de introducir cambios hasta hoy no garantiza que lo hará en el futuro. El progreso rápido con los cambios radicales es una aberración.

Y los prácticos, los siguientes:

La ciencia no surge por alcanzar la verdad sino por la compulsión de dominar el entorno pero esa compulsión cada vez da menos beneficios. Por lo tanto, cada vez va a existir menos interés en financiar la investigación y se va a desvanecer el interés por hacer ciencia.

Hoy la financiación de la investigación ha crecido geométricamente de tal modo que el criterio de crecimiento de la inversión es mayor que el de los retornos obtenidos. En un futuro próximo, las cuentas no cerrarán.

A medida que la ciencia ha avanzado hemos tenido más dominio de la naturaleza. Llegaremos a no tener más interés en avanzar en el dominio y esto nos llevará a no tener interés en seguir investigando.

A medida que avanza el desarrollo científico, la ciencia se vuelve más compleja y difícil de entender al punto que la gente hoy no la entiende y pierde el interés en financiarla.

Por una cuestión de extensión y con el objeto de establecer un orden de prioridades, nos encargaremos de criticar sólo de aquellos argumentos considerados más defendibles o menos defendibles por aquellos intelectuales que pretenden defender la idea de que la ciencia no logrará seguir progresando indefinidamente.

En líneas generales, existen dos problemas en todos los argumentos esgrimidos por Horgan. En primer lugar, se afirma que la ciencia ya no progresará jamás puesto que no se volverá a dar nunca el surgimiento de nuevos paradigmas o teorías radicalmente distintas a las que tenemos. En segundo lugar, Horgan expone un punto de vista ingenuo acerca del conocimiento científico. Su ingenuidad se hace presente al pensar que la ciencia es “el modo primordial de conocer el mundo” que nos permite el “acceso a la verdad” y que es “la más noble y significativa de las actividades humanas”. Tomaremos para la discusión en principio un argumento teórico y otro práctico, que consideramos más defendibles desde una postura en defensa del fin de la ciencia para pasar luego, a dar tratamiento a los menos defendibles de cada categoría. Entendemos por más defendibles a aquellos argumentos de los que los “adalides” del final de la ciencia no estarían jamás dispuestos a retractarse. Estas inferencias constituirían lo que en términos de Lakatos podríamos llamar el núcleo fuerte de su postura. Siguiendo esta línea, los menos defendibles serán los argumentos que en última instancia estos intelectuales estarían dispuestos a desechar sin que esto sea motivo para tener que abandonar la postura del fin de la ciencia.

El primer argumento que analizaremos podría enunciarse de la siguiente manera: La ciencia tiene límites y es evidente que está progresando rápidamente hacia ellos. Por lo tanto, chocará con esos límites y cuando choque tendremos su fin. En principio, parece que Horgan tiene claro cuál es dicho fin. Hay en su postura, una concepción teleológica de la historia en la que los fines o propósitos están fijados desde el inicio de la misma. Por lo tanto, aquellos “genios iluminados” capaces de interpretar la historia saben hacia dónde se dirige. Esta perspectiva de la historia de la ciencia al estilo de la historiografía whig inglés, además, se caracteriza por ser lineal, unidireccional y acumulativa entendiendo al progreso, como un proceso acumulativo cuya meta es la verdad. Pero esta visión historiográfica es más que discutible a partir de los aportes realizados desde las epistemologías descriptivas en las que la historia progresa en forma no direccional y en la que existen rupturas, discontinuidades o cambios de paradigmas. Kuhn sostiene que la ciencia no progresa hacia algo sino desde algo y que en determinado momento se producen revoluciones científicas que consisten en cambios de paradigmas. Por otro lado, Horgan parece tener un olvido importante al no considerar la posibilidad de que antes de chocar con el límite se den cambios radicales que incluyan nuevas direcciones de progreso como de hacho ha sucedido en varias oportunidades. Concedamos que la ciencia puede tener límites pero la ciencia puede progresar indefinidamente dentro de ellos. Parece que Horgan confunde límites intrínsecos y relativos con metas a dónde llegar. Que las aplicaciones actuales refuercen los paradigmas vigentes no implica lógicamente que no surja una acumulación de anomalías que obliguen a cambiar radicalmente dichos paradigmas.

Analizaremos ahora el más defendible argumento práctico: La ciencia no surge por alcanzar la verdad sino por la compulsión de dominar el entorno pero esa compulsión cada vez da menos beneficios. Por lo tanto, cada vez va a existir menos interés en financiar la investigación y se va a desvanecer el interés por hacer ciencia. Aquí, el Horgan ingenuo creyente de la ciencia como camino hacia la verdad se vuelve de espaldas para negar su búsqueda. El argumento recoge la tradición baconiana en la que la ciencia se construye para afianzar el poder sobre la naturaleza, por el ansia de poder. Se trata de una perspectiva unidireccional o reduccionista que olvida que también existe una dimensión objetiva de búsqueda de la verdad a la que podríamos agregar el altruismo, la solidaridad u otras cualidades humanas de las que Horgan parece dispuesto a abjurar. Pero además, Horgan incurre en una falasia inductivista al tratar el tema de la reducción de beneficios. Nadie asegura que esto será por siempre así puesto que de producirse el descubrimiento de nuevas teorías o aplicaciones de las vigentes habrá como resultado un significativo aumento de ganancias. Por otro lado, Horgan no ve que el aumento de la ganancia es un propósito fundamental de cualquier capitalista sin el cual, no podría reproducirse el modo de producción.

Pasaremos a dar tratamiento a los argumentos menos defendibles. El argumento teórico menos defendible dice más o menos así: La ciencia tiene vida corta. Que haya progresado con necesidad de introducir cambios hasta hoy no garantiza que lo hará en el futuro. El progreso rápido con los cambios radicales es una aberración. Horgan cae nuevamente en una suerte de inductivismo ingenuo y futurología puesto que no es lógicamente válido suponer que porque algo viene dándose de determinada manera continuará haciéndolo del mismo modo. La sentencia acerca de la vida corta no nos dice nada puesto que nunca define un parámetro desde el cual, establecer una comparación. Por otro lado, vincular la corta duración de un proceso con las características que el mismo ha asumido para sostener que estas pueden cambiar, en el caso estudiado que en el futuro la ciencia no tendrá la necesidad de rupturas radicales, es una falacia de lo más burda. Horgan no podría negarnos la posibilidad de refutar esta idea sosteniendo la misma forma de argumento: como la ciencia tiene vida corta y ha progresado dando cambios radicales lo seguirá haciendo de igual modo, gracias al surgimiento de nuevos paradigmas y teorías. Por otro lado, es interesante cómo al periodista le aflora su conciencia de clase al negar los cambios y rupturas cuando habla de progreso rápido y cambios radicales como aberraciones. Para toda clase hegemónica una de las cuestiones importantes a instalar es la paralización de la historia. Horgan niega la posibilidad de que se den cambios estructurales que modifiquen la concepción de mundo y permitan el surgimiento de nuevas conjeturas al estilo de los cambios que se dieron durante la revolución científica del S XVII con el surgimiento de la burguesía y el tránsito hacia el capitalismo. Es interesante notar que Horgan parece naturalizar el statu quo a lo largo de sus argumentos entendiendo que lo dado en apariencia es lo que debe ser, el fin último al que hemos llegado. Esto implica matar la actitud crítica y la posibilidad de pensar una mundo distinto. Ni que hablar si tomamos el caso del las marxismo en el que de lo que se trata es de develar o desnaturalizar lo dado. En palabras de Marx, “la manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”. Para alguien que quiere naturalizar lo dado lo que importan son las apariencias.

El último argumento que trataremos dice: a medida que avanza el desarrollo científico, la ciencia se vuelve más compleja y difícil de entender al punto que la gente hoy no la entiende y pierde el interés en financiarla. En principio, en líneas generales a lo largo de la historia la ciencia progresó sin que la comunidad no científica comprendiera las teorías. Es más, desde nuestro punto de vista, toda la divulgación y enseñanza de la ciencia no logra más que pintar una caricatura de lo que la ciencia es puesto que las teorías son intraducibles al lenguaje cotidiano. Es como el cuento en el que Einstein explica mil veces la relatividad a un señor x hasta que la entiende pero paradójicamente dice el físico que eso que entendió ya no es la relatividad. Por demás, si la gente no entiende, Horgan debería preocuparse por mejorar como periodista especializado su rol de divulgador y así lograr que la gente entienda. La gente no respeta la ciencia por su capacidad explicativa sino por los aportes que desde ellas se hacen para el bienestar y el progreso. Vale aquí una aclaración válida para la crítica de todos los argumentos que esgrime Horgan. Su postura reduccionista no da lugar a las Ciencias Sociales en las que no existe una posición única en relación a temas tales como la objetividad, las problemáticas a tratar y en las que la elección metodológica implica una fuerte toma de posición ideológica. El sostenimiento de un determinado modelo epistemológico influye directamente sobre la legitimación del saber que a partir de ellas se construye y la pretensión de objetividad de dicho conocimiento. En este sentido, podemos sostener que en las Ciencias Sociales funcionan distintos modelos que conviven al mismo tiempo sin que la comunidad científica logre unificarse en torno a uno de ellos y seguirán conviviendo sin limitar el progreso de las mismas.

Horgan, J.,(1996): The end of Science. New York> Broadway Books.

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