La Persistencia de la Memoria

La Persistencia de la Memoria
Salvador Dalí

jueves, 10 de julio de 2008

El problema de la objetividad y la impronta del positivismo en su construcción en Ciencias Sociales





Lic. José A Gómez Di Vincenzo y Lic. Ariel Mayo. Unsam


Algunas consideraciones y/o preocupaciones previas


De un tiempo a esta parte, se ha transformado en materia corriente en los debates dados en el ámbito de las Ciencias Sociales, acusar de “positivistas” a todos aquellos intelectuales o estudiantes que exigen o reclaman cierto rigor conceptual y fundamento empírico para las investigaciones, estudios y trabajos en general llevados a cabo en dicho campo. Por supuesto que, a veces, ese reclamo se hace desde posturas estándar que pretenden reducir la ciencia a un solo método y lenguaje, pretendiendo prescribir una serie de normas que reducen la ciencia a una sola forma de racionalidad posible, casi siempre coincidente con la que es propia de las llamadas ciencias duras. Y también es cierto que este reclamo apunta a todo el colectivo, sin distinguir a aquellos que tratan de construir conocimiento riguroso de quienes se ahogan en el mar de conceptos infundados propios del relativismo “post”. El caso es que como consecuencia de la falta de rigurosidad y seriedad a la hora de definir metodológicamente sus estudios, ‘’caen en la volteada’’ muchos investigadores que argumentan seriamente sus posiciones epistemológicas y transitan el equilibrado y sutil andarivel que tiene como límites por un lado, el cientificismo más duro y por el otro, el relativismo pacato de las posturas postmodernas. Son estos intelectuales los que, preocupados, exigen a sus colegas el rigor que les permita defender el status científico de las ciencias sociales. Como quiera que sea, lo cierto es que en el campo de los estudios sociales, fundamentalmente durante estos últimos tiempos, quien pide rigor conceptual y fundamento para los problemas tratados es visto casi como un hereje que atenta contra una suerte de postura dogmática imperante en las ciencias sociales que reniega de toda exigencia empírica.



Nos parece que quienes pretenden defender sus trabajos, escasos en categorías definidas con cierto rigor conceptual, acusando de positivista a todo aquel que interpele epistemológicamente sus argumentaciones, pocas veces pueden sostener sus acusaciones puesto que, en la mayoría de los casos, no saben a ciencia cierta de qué están hablando cuando clasifican cierto discurso como positivista. Desde nuestro punto de visto, lo que en realidad sucede, es que reproducen acríticamente argumentos esbozados por una mala prensa o en todo caso, repiten lo que la mala prensa dice sobre el positivismo.



En este artículo analizaremos qué es y en qué contexto surge el pensamiento de Auguste Comte (1798-1857). Este abordaje es fundamental para comprender el esfuerzo de los científicos sociales por dar cuenta de la objetividad de sus disciplinar científicas y dicho tratamiento es importante para entender cómo influye el positivismo en la obra de Emile Durkheim (1858-1917), uno de los fundadores de la Sociología Clásica.



Pero, si se quiere también, nuestro propósito es más altruista que pretencioso, puesto que lo que pretendemos es aportar algunos elementos serios a partir de los cuales los teóricos sociales que caracterizan de positivistas a aquellos intelectuales preocupados por el rigor en los estudios e investigaciones en el campo de los estudios sociales, puedan “saber” de una vez por todas qué quieren decir cuando plantean la acusación de positivismo.



El positivismo. Contexto y concepto.



Es a partir del positivismo que se ha hecho casi como un hábito de sentido común pensar que es importante la experiencia para que algo, algún modo del saber, sea considerado ciencia o pretenda legitimarse como tal. La impronta del positivismo, no sólo en Europa sino también en América Latina, fue tan fuerte que basta solamente con ver, por ejemplo, como se expresa explícitamente la idea de orden y progreso en la bandera de Brasil o leer algunos de los fundamentos teóricos a partir de los cuales, se elaboraron las constituciones de algunos nuevos estados latinoamericanos y de varias de las obras producidas por los intelectuales de la Generación del 80 en nuestro país.



Ahora bien, antes hacíamos referencia a la mala prensa con que contó el positivismo sobre todo a partir de los ’70. Creemos que la inquina se da por dos cuestiones: la primera es que cuando se habla de positivismo no se tiene en cuenta el contexto histórico social en el que surge el pensamiento comteano; la segunda cuestión es que no se conoce en profundidad dicha filosofía.



Entonces, para entender qué es el positivismo, tendremos que analizar dos cuestiones: contexto y concepto.



Comenzaremos por el contexto para luego pasar al concepto propiamente dicho.



El contexto de surgimiento del positivismo



Hay que tener en cuenta lo siguiente antes de comenzar la exposición: Comte entiende que se puede mejorar el conocimiento y la organización de las sociedades, importando a las Ciencias Sociales el método de las Ciencias Naturales. Tal vez, esta idea sea el corolario de todo nuestra exposición pero es interesante tenerla presente desde el comienzo como guía para el análisis que efectuaremos. Veremos por qué puede decirse que el proyecto comteano consiste en que las Ciencias Sociales adquieran los métodos de las Ciencias Naturales para diagnosticar problemas y aportar soluciones.



Luego del triunfo de la revolución burguesa de 1789 y la derrota de la monarquía y la nobleza, tras eliminar las trabas impuestas por la legislación feudal, se extiende el capitalismo en Francia y con él, las trasformaciones que provoca en la producción, distribución y consumo.



En otros términos: la Revolución Francesa produce trasformaciones radicales en todos los niveles, político, social, legal, económico. A la vez, genera reacciones diversas y críticas desde distintos sectores. Los ultra conservadores Bonald (1754-1840) y De Maistre (1753-1821) rechazan el individualismo de la filosofía de la Ilustración y plantean retomar los valores comunitarios propios del Antiguo Régimen. A su vez, y del otro lado del espectro político, la agudización del conflicto entre capitalistas y obreros hace que se desarrolle la oposición de los socialistas utópicos que comienzan a elaborar una teoría social propia, también preocupados por el orden social pero que, a diferencia del conservadurismo, asume los cambios, ve un progreso en el industrialismo y busca formular propuestas para el logro de la estabilidad política. Entre estos pensadores se destacaba Saint Simon (1760 – 1825) del que Comte fue secretario. Ninguno negaba la posibilidad de progreso que traía el orden social capitalista. Comte se destacó entre todos estos intelectuales por ser el primero en utilizar el término sociología para el estudio de los fenómenos sociales. Como habíamos expresado más arriba, consideró que la sociología debía construir su cientificidad a partir de los métodos de las ciencias naturales y en particular de la física, para de este modo superar la metafísica de los preconceptos o ideas sin anclaje en la experiencia. Comte nota un gran defasaje entre las ciencias naturales y las ciencias sociales o ciencias del espíritu como llamaban a estas últimas en la época del surgimiento del positivismo. Este defasaje, lisa y llanamente, apunta a la superioridad explicativa y predictiva de las ciencias naturales (encarnadas en la física de Newton) por sobre las ciencias del espíritu. Comte busca equilibrar este defasaje porque necesita que las ciencias sociales, mediante el estudio de las sociedades, puedan, tal como lo hace la física, aportar leyes de lo social que permitan anticipar y encausar los conflictos y contrarrestar los efectos negativos del desarrollo capitalista y del industrialismo. Veremos más adelante la justificación comteana de las ventajas del método de las ciencias naturales. Por ahora insistiremos en la fuerza persuasiva que asumía la apuesta comteana para los intelectuales, preocupados por solucionar el conflicto social en una época de crisis al sostener que es posible que las sociedades progresen ordenadamente. Una propuesta que se distancia de la expresada por el marxismo puesto que no ve a la crisis como expresión de un conflicto inherente a una sociedad de clases antagónicas. En general, el positivismo se caracterizó por la confianza en el progreso ordenado de la sociedad, la defensa del orden capitalista y la objetividad tomada de la física newtoniana.



En cuanto al contexto hay que agregar que el positivismo comteano dominó la escena social francesa hasta la década de 1880.



Existen dos corrientes positivistas que comparten puntos en común pero que también se diferencian entre sí dadas las características del contexto en el que se desenvuelven. Estas son el positivismo comteano y el positivismo del sociólogo inglés Herbert Spencer (1820-1903).



Las diferencias entre estas corrientes ilustran las particularidades del contexto político francés e inglés. Por un lado, el positivismo comteano no parte del individualismo metodológico como sí lo hace la corriente inglesa representada por Spencer. El positivismo de Spencer es una variante del empirismo británico. Spencer ve a la sociedad como un órgano artificial: para explicar los fenómenos que se dan en ella hay que recurrir al individuo, puesto que es el punto de partida natural. Desde su punto de vista, y considerando a la sociedad como un organismo, la célula es superior y preexiste a las partes.



Veremos enseguida las características del positivismo francés y del positivismo en general pero antes algo más sobre el contexto en el que se da todo esto. Dijimos que entender la propuesta elaborada por Comte era importante porque influye en la producción teórica de Durkheim. En las últimas décadas del siglo XIX se produce una crisis intelectual de la burguesía, que no podía aceptar tan acríticamente el discurso “optimista” de la economía política. Es por eso que se iniciaron una serie de búsquedas intelectuales, se descreyó del evolucionismo y se cuestionó la idea de progreso. En esta época de crisis, al final del siglo, convivieron distintos autores que comenzaron a tratar de dar respuestas a los problemas sociales. Se trata de intelectuales como Le Play (1806-1882), Worms (1869-1926), y Tarde (1843-1904). Algunos más cercanos al positivismo, otros más lejanos, pero todos a su vez influyeron en Durkheim, quien tomará ciertas estructuras conceptuales de la tradición comteana. Los mencionamos sólo para dar cuenta de la complejidad conceptual de la época no teniendo espacio aquí para desarrollar sus posturas.



Características del positivismo



Evolucionismo, defensa del orden capitalista, confianza en la objetividad científica tomada del modelo newtoniano. Método experimental. Todas estas cuestiones ya fueron anticipadas más arriba. Habría que agregar una visión de la Historia como proceso evolutivo que va de formas inferiores a formas superiores consideradas mejores. Los 3 estadios evolutivos se denominan: teológico, metafísico y científico positivo. Nunca, paradójicamente, Comte pudo dar cuenta empíricamente o con hechos positivos de dicha evolución, por lo que nunca supera los límites de la filosofía “metafísica” que critica.



Comte, a diferencia de Spencer, concibe a la sociedad como una totalidad y considera que el estudio de la misma debe apoyarse en la historia.



Al hablar como lo hacía de religión positiva, Comte veía la importancia del orden basado en ideas y valores compartidos que dieran cohesión a la sociedad. Estos se plasmarían en esta religión positiva que reemplazaría las antiguas creencias que actuaban cohesionando a la comunidad en el régimen feudal. Aquí, tenemos un punto de contacto entre el pensamiento comteano y el pensamiento conservador de Bonald y Maestre. Orden, progreso o progreso ordenado de un estadio peor a uno mejor de la sociedad sería la consigna.



La necesidad de aplicar el método de las Ciencias Naturales en los estudios sociales se debe a dos razones: por un lado se había demostrado claramente que funciona para descubrir conocimientos aplicables para transformar la humanidad. Estos fueron posibles porque el método experimental ha permitido establecer regularidades, elaborar leyes y establecer predicciones. Podríamos citar cuantiosos ejemplos de estos logros técnicos pero sólo basta ver cómo se modificó la producción gracias al desarrollo industrial. Por otro lado, las ciencias del Espíritu se encontraban entonces en el estado metafísico. Es por esto que no avanzaban ni aportaban ninguna solución al conflicto social. Al buscar esencias y basarse en preconceptos, la filosofía política y social está contaminada de metafísica.



La propuesta comteana consiste, entonces, es desligarse de todo enfoque metafísico por medio del dato positivo. En este contexto, el dato positivo significa un elemento que yo construyo despojándome de lo metafísico, es decir, un dato no percibido metafísicamente ni construido vía especulación. El dato positivo se recorta por la aplicación del método experimental. Aquí es importante introducir una salvedad. Lo antes expuesto no hace referencia a que necesariamente este dato positivo sea observable o sólo percibido por los sentidos. Comte no niega la teoría ni los enunciados teóricos ni las construcciones conceptuales. Nunca propuso un ‘’inductivismo salvaje’’ ni un realismo ingenuo.



Un buen ejemplo que ilustra cómo funciona esta postura en la práctica es el desarrollo de la antropología criminal de Lombroso (1835-1909) en Italia. Sus hipótesis funcionan en el plano metodológico, pero Lombroso nunca habla de una esencia criminal dada metafísicamente.



La paradoja del proyecto comteano está dada porque, a pesar del énfasis de su autor en lo empírico, está viciado por la metafísica. Es de notar que el planteo de los tres estadios en la evolución histórica tiene mucha influencia, en cuanto a que el paso de un estadio a otro se da en el plano de las ideas. Comte elabora una mirada de la historia construida desde el presente con el objeto de legitimar su posición.



A pesar de su fe en el método experimental, Comte sabía que el mismo no era aplicable a todos los estudios sociales. Esto es importante tenerlo en cuenta para no reproducir un abordaje reduccionista de la propuesta comteana. Para este pensador la historia no puede aspirar a ser científica, dando muestra así de una nueva contradicción en su pensamiento, puesto que él mismo con su teoría de los tres estadios está haciendo historia (o, mejor dicho, filosofía de la historia).



Comte va a aspirar al desarrollo de una física social. Esta iba a ser aquella ciencia que, aplicando la metodología de las ciencias experimentales, permitirá establecer regularidades, elaborar leyes y anticipar resultados. La apuesta comteana tendía, como ya expusimos más arriba, a asegurar el progreso ordenado de la sociedad gracias a la aplicación de una física social que permita dar tratamiento a todo conflicto producto del industrialismo y la modernidad.



La apuesta al orden y progreso sostenido desde la cientificidad es digna de una época. Deberíamos comprender el sentido de tal aspiración y entender hasta qué punto la misma se constituyó, con sus pro y sus contra, en un avance frente a posturas metafísicas retrógradas que o pretendían volver al pasado o legitimar el presente pero desde un discurso dogmático.


2 comentarios:

CHESTERTON dijo...

El título del blog no lo deja muy bien parado al artículo de referencia.

Feyerabend es filosofo de la ciencia, y su anarquismo epistemologico, equipara a un médico brujo vudú con un positivista, un tecnologo y demás hechiceros.

Al margen.....al lado, o en comparación a la ciencia moderna, la teología (en cuanto esfuerzo intelectual racional de conciliar fe y Razón) hace ¡palidecer! a los brujos positivistas y sus hijastros marxianos, y su "socialismo cientifico".

Saludos!

Rud dijo...

¡Hola!
Excelente artículo, llegué aquí por casualidad pues quería profundizar sobre el positivismo.
El positivismo es optimista pues confía en que la sociedad, alguna vez, será racional.
Saludos