jueves 4 de febrero de 2010
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viernes 1 de enero de 2010
En el nombre del gen
miércoles 2 de diciembre de 2009
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lunes 2 de noviembre de 2009
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viernes 2 de octubre de 2009
La economía neoclásica y la posición del empirismo lógico en relación a la racionalidad implícita en las teorías
martes 1 de septiembre de 2009
“Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton”: Boris Hessen y su impronta en las reflexiones sobre C T y S
¿Por qué rescatar del olvido una antigua ponencia que a primera vista nada tiene que ver con los problemas que desde la filosofía de la tecnología tenemos que resolver en el siglo XXI?
Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton de Boris Hessen, la más famosa de las ponencias presentadas por los historiadores soviéticos de las ciencias en el II Congreso de Historia de la Ciencia y la Tecnología de Londres anticipa muchos de los problemas tratados a lo largo del siglo XX por la tradición anglosajona en filosofía de la ciencia e introduce una serie de cuestiones centrales a la hora de emprender una reflexión acerca del cambio tecnológico. Concretamente, Hessen anticipa la discusión acerca de la relevancia epistémica del contexto de descubrimiento, el rol de la tecnología y las demandas económicas en la construcción de teorías científicas, las relaciones que pueden establecerse entre ciencia, tecnología y sociedad y fundamentalmente, el doble carácter de la ciencia, no sólo su rol como fuerza productiva sino también como parte importante de la ideología y la cultura en general mostrando así su lugar en la dialéctica entre dichos aspectos y las relaciones de producción.
En la ponencia, encontramos muchos de los temas centrales y de las problemáticas que necesariamente deben tenerse en cuenta a la hora de llevar a cabo una reflexión acerca de las vinculaciones entre ciencia, tecnología y sociedad desde una perspectiva que tome como eje para el análisis la centralidad del proceso productivo y el rol del contexto social, político y económico en la construcción de tecnologías y en la elaboración de teorías científicas.
¿Quién era Boris Hessen?
Desde muy joven se mostró interesado por el estudio de las ciencias naturales y los problemas filosóficos relacionados con el impacto de sus teorías en la sociedad. Estudió física, matemática, economía y estadística y participó en los debates relacionados con el impacto de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica en el campo de la epistemología y el materialismo dialéctico. La corriente del materialismo dialéctico a la cual pertenecía, el devorinismo, se mostraba a favor de las nuevas teorías físicas oponiéndose a la corriente mecanicista bolchevique que las veía como resultado de la ideología burguesa. Hessen se enfrenta concretamente con Timiarizev quien para graficar su desacuerdo con las nuevas teorías sostenía que lo mejor que podía hacerse con Einstein era darle un tiro.
En 1928, Hessen publica “Ideas fundamentales de la Teoría de la Relatividad” y muestra cómo puede comprenderse dicha teoría dentro del marco del materialismo dialéctico. Al tratar de incorporar las nuevas teorías dentro de la óptica marxista, Hessen fue permanentemente acusado por el ala bolchevique de idealista.
En 1931, Boris Hessen presenta su famosa ponencia titulada “Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton” en el II Congreso Internacional de Historia de la Ciencia y la Tecnología realizado en Londres. Todas las ponencias de la delegación soviética fueron publicadas posteriormente en “Ciencia en la Encrucijada” y reeditadas en 1971, al cumplirse el cuarenta aniversario de su presentación en Londres. Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton puede considerarse uno de los primeros estudios de historia social de la ciencia de raigambre marxista.
Boris Hessen fue detenido y acusado de trotskista en 1936. Murió ejecutado junto a otros noventa y siete filósofos marxistas de la corriente devorinista al llevarse a cabo una de las más sangrientas purgas stalinistas.
El trabajo de Hessen puede ser considerado pionero en al menos tres aspectos:
Aplica por primera vez las tesis marxistas a la historia de las ciencias.
Relaciona la revolución científica del siglo XVII con el ascenso, desarrollo y consolidación de la burguesía en el poder.
Es uno de los primeros pensadores en presentar una concepción de ciencia con un fuerte papel político y social.
Reseña de la ponencia
En la introducción, Hessen plantea el problema que va a tratar de solucionar; esto es, las posibles vinculaciones entre la teoría newtoniana y el contexto social en el cual esta se da. A su vez, Hessen presenta las tres tesis a partir de las cuales, elabora sus argumentos teóricos. Dichas tesis pueden resumirse de la siguiente manera:
El modo de producción condiciona el proceso social, político e intelectual.
Existen fuentes sociales y económicas a partir de las cuales fueron posibles los Principia de Newton.
El período en el que se da la obra de Newton concuerda con el de la revolución burguesa en Inglaterra.
De aquí que para entender la obra de Newton deba encuadrársela en el contexto sociohistórico, es decir, debe entenderse como producto de su época.
En el primer capítulo de la ponencia titulado “Economía, física y tecnología en la época de Newton”, Hessen describe el contexto social en el que el científico inglés desarrolla sus investigaciones identificando dicha época como aquella en la que se impone cierta forma de capitalismo: el capital comercial. Hessen se pregunta entonces en primer término: ¿Qué demandas económicas impone el capital comercial? ¿Qué problemas tecnológicos debe resolver y qué conocimientos físicos son necesarios para poder resolverlos?
Para poder responder a estas preguntas Hessen debe tratar diversos temas. El capítulo puede dividirse para su estudio en tres partes. En la primera de ellas, Hessen concluye que todos los problemas planteados por las demandas económicas y tecnológicas son problemas mecánicos. Los temas de la física se centrarán en resolver dichas cuestiones que a su vez, están condicionadas por los intereses económicos materiales de la clase burguesa dentro del marco del capitalismo comercial. En la segunda parte del primer capítulo, Hessen muestra cómo la ciencia oficial medieval no entendió los problemas ni las soluciones puesto que nunca fue capaz de formular dichos problemas. No había ningún interés en hacerlo puesto que no se habían desarrollado las condiciones materiales como para que surgiera la necesidad de plantearlos. Según Boris Hessen, es el desarrollo de la industria manufacturera y el comercio que comienza a darse sobre el final de la edad media y en el renacimiento el que promueve las investigaciones en mecánica. Hasta aquí, lo que tenemos es que las actividades productivas condicionan la temática de la física y dichas actividades productivas brindan tecnología que a la vez, impulsan la ciencia y hacen que la burguesía tenga en sus manos herramientas para el desarrollo de las fuerzas productivas. En la tercera sección del primer capítulo de la ponencia, como conclusión a partir de lo expuesto en las dos secciones anteriores, Hessen sostendrá que Newton, en pos de solucionar los problemas planteados por las demandas económicas y tecnológicas, tuvo que construir un sistema cosmológico que solucione todos los problemas tanto al nivel de los fenómenos terrestres como también de los celestes: la mecánica clásica.
El segundo capítulo de Las raíces sociales y económicas de los Principia de Newton se titula “La lucha de clases durante la revolución inglesa y la concepción del mundo de Newton”. Este capítulo es de vital importancia para comprender la postura de Hessen dentro de la corriente marxista. En efecto, es aquí donde Hessen se corre del reduccionismo economicista, mecanicista y determinista propio del materialismo y del marxismo bolchevique. Hessen postula la tesis de que el trabajo científico se encuentra influido no sólo por la estructura productiva, por las técnicas y las demandas de desarrollo económico sino también por las ideas, la cultura, la política y la ideología dominante. Lo que concluirá en este capítulo es que Newton para responder a los problemas planteados construye una concepción del mundo idealista. Es así que el materialismo propio de sus investigaciones científicas se mezcló con cuestiones teológicas, metafísicas y filosóficas. Hessen mostrará que la concepción mecanicista de la causalidad en Newton está empapada de idealismo y metafísica. Las tesis idealistas están conectadas en los Principia con una cosmovisión afín a los intereses de la burguesía.
Antes de pasar al tercer capítulo de la ponencia, Boris Hessen introduce una conclusión de lo hasta allí planteado. Sostiene que los Principia, al surgir de la necesidad de responder a cuestiones técnicas y económicas, está empapado de sano materialismo pero su determinismo mecanicista introduce sus propuestas en el marco de una cosmovisión idealista.
El tercer capítulo de la obra se titula “La concepción de la energía de Engels y la ausencia de la ley de conservación de la energía en Newton”. Aquí, Hessen va a sostener que para que surja una ley de conservación de la energía deber suponerse que existen distintas formas de movimiento. Por ejemplo como ocurre con la máquina de vapor en la que el movimiento térmico se traduce en movimiento mecánico. Para Hessen, existe la misma conexión entre el desarrollo de la termodinámica y la máquina de vapor que entre las necesidades técnicas y los Principia de Newton. Fue el capitalismo industrial y no el comercial el que debió enfrentar y resolver el problema y para ello debió esperar a que Sadi Carnot emprendiera sus descubrimientos. Newton no resolvió el problema no por falta de ingerio sino porque no lo vio como problema. El capitalismo comercial se basa en el intercambio de mercancías y la ganancia surge de dicha intercambio no como el resultado de la transformación de los bienes en mercancías vía industrialización.
El cuarto y último apartado de la ponencia actúa a la vez como conclusión. Su título es “Los destructores de máquinas en la época de Newton y los destructores contemporáneos de fuerzas productivas”. Hessen muestra que aún dentro del modo de producción capitalista se dan cambios en las formas en pautar la producción y el resto de las relaciones sociales y que las clases dominantes varían sus ideas sobre la ciencia y la tecnología conforme van dándose dichas transformaciones. Este argumento es de suma importancia por ejemplo para entender los cambios que se dan en nuestros días a propósito de la relevancia que están teniendo las tecnologías de la información y comunicación en un capitalismo ya no centrado en la producción sino en el consumo. Hessen a su vez se diferencia de ciertas propuestas románticas e idealistas críticas del desarrollo tecnológico que proponen volver a la naturaleza. Sostendrá que el marxismo lejos de pretender abandonar el desarrollo de las fuerzas productivas busca replantear las relaciones sociales para seguir desarrollándolas.
Algunas conclusiones en general
Hay en la conferencia dos partes o secciones. Las primera de ellas corresponde a los dos primeros capítulos y gira en torno a la cuestión internalismo-externalismo o el rol del contexto de descubrimiento a la hora de reflexionar acerca del fundamento racional de las teorías científicas. La segunda sección que incluye los dos capítulos finales trata las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad y sus posibles abordajes desde una historia de la ciencia de corte marxista.
En líneas generales, Hessen discutirá las posiciones mecanicistas a las cuales, acusará de deterministas y de llevar a posiciones instrumentalistas, teleológicas y teológicas alejándonos de la aspiración por conocer la verdad. Propondrá para ello, reemplazar el mecanicismo por el materialismo dialéctico.
Hessen lleva adelante dos debates. Uno externo o dirigido hacia fuera de la corriente marxista en pos de correrse de las posiciones mecanicistas en busca de una que rescate el materialismo pero que no se impregne de determinismo. Por otro lado, un debate hacia dentro mismo de la corriente marxista dada su posición deborinista no mecanicista y apoyando las nuevas teorías físicas vistas como irracionales e idealistas por el marxismo vulgar.
Para profundizar acerca de Deborin y su corriente materialista dialéctica ligada al mencheviquismo con fuertes influencias de Pejanov puede consultarse http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Abrah%E1m_Moiseyevich_Deborin y http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Jorge_Val%E9ntinovich_Plejanov.
En líneas generales, la fracción menchevique se caracterizó siempre por contar con los cuadros de intelectuales marxistas más importantes de Rusia (Trotsky, Martov, Rubin, Grossmann, el propio Deborin, &c.) frente a los bolcheviques, cuyo fortaleza estribaba en sus cuadros de revolucionarios profesionales pero cuya profundidad teórica a veces dejaba que desear.
Dicha obra constituye uno de los mejores esfuerzos por divulgar la teorías de la relatividad sin desdibujar sus aspectos centrales.
domingo 2 de agosto de 2009
Los estudios sobre las ciencias. El Programa Fuerte de Edimburgo.
Lic. José Antonio Gómez Di Vincenzo
El Programa Fuerte de Edimburgo Como sosteníamos más arriba, uno de los más importantes intentos por dar cuenta de una nueva línea dentro de lo que conocemos como sociología del conocimiento científico fue el Strong Programme o Programa Fuerte de Edimburgo desarrollado en la década del 70 del siglo XX en la Science Unit de Edimburgo. Entre los más representativos de la corriente, encontramos a D. Bloor, B. Barnes y S. Shapin. Preocupados por dar cuenta del conocimiento en general y el conocimiento científico en particular, estos intelectuales construyeron una perspectiva sociológica que se nutre principalmente por la influencia de la obra de Thomas Kuhn y las epistemologías naturalizadas, el trabajo del segundo Wittgenstein y su concepción pragmática del lenguaje la cual habría puesto en evidencia el carácter social de seguir una regla. El supuesto básico a partir del cual los representantes del Strong Programme construyen sus respectivas perspectivas teóricas consiste en sostener que todo conocimiento es un fenómeno social y como tal es parte de la cultura que se transmite de generación en generación, desarrollándose y transformándose activamente en respuesta a ciertas contingencias prácticas (Tozzi, 2001). Esto es así por varios motivos: porque lo que consideramos ciencia en un determinado momento histórico se encuentra mediado por la sociedad en la que dicho discurso se genera, porque la actividad científica se encuentra profesionalizada, porque los factores macrosociales influyen en la forma de organización y en el funcionamiento de la comunidad científica y porque, básicamente, los resultados del trabajo producido son productos elaborados por individuos que se encuentran en el seno de una comunidad científica con una estructura, organización y relaciones que determinan la naturaleza y la forma del conocimiento resultante. Para dar cuenta de estos supuestos, los representantes del Strong Programme intentan demostrar empíricamente la existencia de redes de expectativas e intereses que determinan las creencias dentro de la comunidad y que a su vez, guían la observación y afectan no sólo a la generación de hipótesis o teorías sino también, la comunicación de resultados y su evaluación por parte del resto de la comunidad científica. Desde esta perspectiva, surgen dos líneas de trabajo: - Describir cómo y por qué en distintos períodos históricos grupos distintos seleccionan distintos sectores o aspectos de la realidad para su estudio científico. - Describir cómo se construye socialmente la observación, el registro de datos, la experimentación y las creencias dentro de la comunidad científica y sociales en general. Bloor, en su trabajo fundacional publicado en 1971 titulado Knowledge and Social Imaginary[1], expone lo que puede darse en llamar los principios programáticos del programa. Allí, dirá que la sociología del conocimiento debe ser causal, imparcial, simétrica y reflexiva. El principio de causalidad es fundacional y marca un cambio de perspectiva radical respecto a la sociología del conocimiento al proponer que los estudios a realizarse deberían ocuparse de las condiciones que dan origen a las creencias o estados de conocimiento. Dicho principio permite atribuir causas sociales a la construcción de conocimiento científico. La sociología tiene entonces también la palabra a la hora de juzgar la verdad o falsedad de los contenidos científicos. Pero a esto se agrega el principio de imparcialidad respecto a la verdad y falsedad, la racionalidad e irracionalidad, éxito o fracaso. Todas estas dicotomías exigen explicación. La simetría hace referencia a que los mismos tipos de causas, por ejemplo, deben explicar creencias verdaderas o falsas. La reflexividad hace que las explicaciones y resultados a los que se ha arribado sean aplicables a la sociología misma. Este principio constituye un fuerte giro hacia una perspectiva naturalista que sostiene que el conocimiento científico puede ser explicado científicamente. En líneas generales, de lo que se trata es de desocultar todos aquellos condicionantes o causas que se encuentran ocultos tras los procesos de construcción de teorías y evaluación de creencias, disputas y aceptación de conocimientos. Estas causas son materiales y a la vez, el resultado de procesos de articulación e interacción de intereses concretos. Estos intereses pueden ser instrumentales o ideológicos. Los primeros se refieren a los mecanismos de predicción y control del medio que guían los intereses cognitivos. Los segundos son relativos a los intereses sociales y a la organización de la estructura social misma. Estos intereses sociales encubiertos apuntan a la racionalización y la persuasión y son de tres tipos: profesionales, comunitarios y sociales generales. Los intereses profesionales se relacionan con las habilidades y saberes adquiridos por los científicos en su formación académica. De este modo, surgen grupos de especialistas reconocidos que reciben los aportes de la comunidad, inversiones concretas para la investigación y además, carisma y prestigio. Estos grupos pretenden reproducir su influencia social haciendo prevalecer su lugar como poseedores de competencias técnicas y como portadores de los saberes especializados que manejan. Estos intereses creados dentro de la comunidad científica - y de la comunidad en general- se enlazan e imbrican dentro de un conjunto de disputas relacionadas con las líneas de investigación, la validación del conocimiento y métodos para obtenerlo, su estatus y su credibilidad. Los intereses comunitarios hacen referencia a la identificación, delimitación y reconocimiento de la comunidad científica en general y de las comunidades científicas particulares dentro del entramado social. Este reconocimiento determina en gran medida la asignación de recursos y niveles de aceptación de las propuestas. Se dan clasificaciones jerárquicas de prestigio e influencia que pueden modificarse con el correr del tiempo pero que son propias del contexto en el que surgen. Pensemos, por ejemplo, en el nivel de influencia que obtuvo la comunidad médica tras la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX en lo que dio en llamarse medicalización de las relaciones sociales.[2] Los intereses comunitarios son importantes porque contribuyen a formar los acuerdos y desacuerdos entre la comunidad científica y la sociedad civil. Los intereses comunitarios conectan los intereses profesionales con instituciones sociales, con las necesidades concretas de la sociedad y a las disciplinas entre sí. De este modo, se construye todo un mecanismo burocrático de control social y regulación representado, por ejemplo, por sistemas de referato y evaluación de proyectos. Los intereses sociales generales constituyen los determinantes macrosociales e ideológicos de producción y aceptación de teorías y creencias. Se incluyen aquí, los intereses económicos, políticos e ideológicos de la sociedad en general o de los grupos dominantes en particular y principalmente. Los tres tipos de intereses se encuentran fuertemente relacionados entre sí actuando en forma interconectada y siendo en conjunto, determinantes de la producción científico tecnológica. Es precisamente la forma en la que se aborda el estudio de cómo se conectan entre sí, cómo se relacionan y determinan estos intereses y el nivel o potencia causal que se les asigne a cada uno la que define las distintas líneas internas o variantes que se dan dentro del mismo Strong Programme. En efecto, como anticipáramos más arriba en nuestra introducción, los distintos representantes de la corriente asumen los mismos supuestos pero con variantes y notas distintivas. A diferencia de Bloor, Barnes construye su aporte desde una naturalización un poco más débil - por así decirlo- negando la posibilidad de construir leyes causales o teorías generales sobre las relaciones entre factores sociales y de conocimiento. En esta línea, propone realizar análisis concretos de casos con el objeto de analizar cómo se relacionan estos factores sociales y el conocimiento en cada uno. Para Barnes, los factores sociales actúan como condiciones necesarias pero no suficientes para explicar las creencias científicas. En cuanto a los intereses, para Barnes, los sociales generales actúan como marco pero ceden la prioridad explicativa a los profesionales e instrumentales. Es la acción combinada de éstos la que determina la racionalidad y objetividad de las acciones individuales. Es justamente por la complejidad de este tipo de relaciones y entramados de intereses que se haga tan difícil establecer leyes y debamos – siempre desde la perspectiva de Barnes– estudiar caso por caso sin presuponer teorías generales. Por último, analizaremos la postura de Shapin. La misma se articula como punto arquimediano entre las propuestas de Bloor y Barnes pero encontrándose más cerca del último. Efectivamente, Shapin acuerda con Barnes en que no pueden establecerse leyes generales o causales en sentido fuerte. Por su parte, buscará asumir una serie de principios que guíen la investigación centrándose, del mismo modo que propone Barnes, en el estudio de casos particulares. Desde la mirada de Shapin, no hay predominancia causal alguna entre intereses: ni de los ideológicos por sobre los instrumentales, ni viceversa. Los intereses sociales generales guían los procesos de construcción de conocimientos científicos la racionalidad interna y las creencias pero todo esto es relativo a la manera en la que se da la interconexión de intereses en la comunidad científica y en el contexto social. Los intereses son contingencias que siempre actúan de modo subyacente a las creencias. Debe analizarse estudiando caso por caso y empíricamente cuáles son los que imperan por sobre los demás y cómo actúan. Conclusiones Los principios propuestos por Bloor para la sociología del conocimiento científico y específicamente, para guiar los trabajos realizados dentro del marco del Strong Programme - en particular el de simetría- pueden conducir a un relativismo metodológico puesto que tanto las creencias falsas como las verdaderas deberán explicarse causalmente por condicionantes sociales y los mismos tipos de causas explicarían las creencias favorables y las rechazadas. De aquí se desprende que el éxito de una teoría estaría ligado a la habilidad de sus partidarios por demostrar la superioridad de la misma mediante el dominio de recursos simbólicos y materiales más que por un análisis objetivo y racional. Por otra parte, la distinción misma entre ciencia y no-ciencia estaría determinada por las prácticas socioculturales independientemente de las condiciones de racionalidad interna. No obstante, es preciso señalar que todo esto no necesariamente lleva a un convencionalismo absoluto. Aunque desde la perspectiva de Bloor lo que se entienda por ciencia deba relativizarse a los distintos grupos sociales o períodos históricos, el conocimiento científico posee un fuerte componente pragmático e instrumental pues responde a necesidades concretas de la comunidad. Como el mismo Bloor admite que pueden influir además otros tipos de causas (como pueden ser las influencias empíricas, las condiciones de operatividad y demás) no podemos caracterizar su propuesta como un determinismo fuerte o un sociologísmo extremo. La propuesta blooriana adopta una postura naturalista de la ciencia social que implica que los estudios de las ciencias pueden ser abordada mediante los mismos métodos que las ciencias naturales. La combinación de este naturalismo y la concepción wittgensteiniana trae como consecuencia la adopción supuesta de una neutralidad valorativa. Siguiendo a Tozzi (2001), existe una suerte de incompatibilidad entre esta pretención y lo que se deduce del desarrollo argumental y la apelación al segundo Wittgenstein. El mismo Bloor reconocería el carácter interpretado de la realidad social que llevaría a que toda teoría sobre lo social sea una interpretación más de interpretaciones realizadas por los actores sociales. Esto llevaría a rever los principios de causalidad – en ciencias naturales los objetos estudiados no interactúan con los investigadores- y de imparcialidad – puesto que si las redescripciones modifican las prácticas es inevitable el potencial crítico y tranformador de las prácticas que toda redescripción conlleva. En líneas generales, a partir de la lectura de las diferentes propuestas enmarcadas dentro del Programa Fuerte de Edimburgo, es posible sostener que las cuestiones planteadas resultarán interesantes para la filosofía de la ciencia en la medida en que la respuesta a dichos cuestionamientos asegure la relevancia epistemológica del contexto de descubrimiento a la hora de emprender una reflexión histórica y filosófica sobre el conocimiento científico. Dicho de otro modo, si se sostiene que los intereses sociales, políticos, ideológicos son fundamentales e influyen en la naturaleza de las creencias, valoraciones, construcción y evolución del conocimiento científico esto debe comprobarse empíricamente estudiando los casos puntuales para ver cómo se da dicha relación puesto que el componente relativista es en esta medida más fuerte que el causal. Bibliografía Barnes, B. (1977): Interest and the Growth of knowledge. Routledge, London. Barnes, b. (1986): Kuhn y las ciencias sociales. Breviarios de Fondo de Cultura Económica, México. Bloor, D., (1998): Conocimiento e imaginario social. Gedisa, Barcelona. Sánchez Navarro, J., (1990): “Las sociologías del conocimiento científico”. En: Revista Española de Investigaciones Filosóficas. Madrid. Martín, O., (2003): Sociología de las ciencias. Nueva Visión, Buenos Aires. Shapin, S., (2000): La revolución científica. Una interpretación alternativa. Paidos, Barcelona. Tozzi, V., (2001): “Malos entendidos en torno al Programa Fuerte”. Epistemología e Historia de la Ciencia, Volumen 7, No 7. [1] Existe una traducción al castellano editada por Gedisa, Barcelona. [2] El concepto hace referencia al hecho de que el médico toma la palabra para interpelar y reclamar la intervención del Estado para solucionar conflictos sociales. Ya no sólo desarrolla su tarea en la cura al enfermo sino como aspecto central en el progreso y la civilización. Su lugar en la política se ve sobredimensionado y es posible ver cómo sobre finales del siglo XIX y principios del XX, tenemos una importante cantidad de galenos ocupando cargos públicos en diferentes organismos estatales. El proceso de medicalización de las relaciones sociales puede comprobarse si se tienen en cuenta la creciente pero casi ilimitada extensión de los ámbitos de incumbencia de la medicina y los médicos en distintos ámbitos donde juega un rol central las categorías de lo normal y lo patológico y la permanente demanda y por momentos la efectiva injerencia del Estado a través de Instituciones y políticas diversas. De lo que se trata no es sólo de la cura de los individuos enfermos sino de curar a todo el organismo social. Es así cómo el médico, luego de realizar una serie de diagnósticos, demanda la intervención y el apoyo del Estado para el control y represión de tendencias que llevan a la enfermedad del cuerpo social.

